Balarés: la historia de la mina Titania y el paisaje que volvió a ser naturaleza
- Rafa Varela
- 27 jul
- 5 min de lectura

Donde hoy escuchamos el mar, un día se escribió una de las historias más singulares de la Costa da Morte
Quien llega por primera vez a Balarés suele recordar el color de su arena, el pinar que protege la playa y la calma con la que el estuario del Anllóns se funde con el Atlántico.
Es difícil imaginar que este mismo lugar, hoy asociado al descanso y a la naturaleza, fue escenario de una de las aventuras industriales más singulares de Costa da Morte.
Bajo la arena que pisan miles de visitantes cada verano se escondía un tesoro mineral que cambiaría durante unas décadas la vida de muchas familias de Bergantiños.
La historia de Titania S.A. no es solo la historia de una mina. Es la historia de un paisaje, de una comunidad y de un tiempo en el que Balarés miraba al mar con un propósito muy diferente al de hoy.
Un descubrimiento inesperado entre la arena

En 1935, el geólogo Isidro Parga Pondal descubrió que las arenas oscuras de Balarés contenían una importante concentración de minerales de titanio. Aquellas arenas negras, formadas durante miles de años por la acción combinada del río Anllóns, el viento y el océano, escondían un recurso de enorme interés para la industria de la época, sobre todo la armamentística.
Años más tarde nació Titania S.A., una empresa creada para explotar aquel singular yacimiento, convirtiendo una playa aparentemente tranquila en un lugar de actividad constante.
Una mina diferente
La de Balarés no era una mina excavada en la montaña. Su riqueza estaba en la propia playa, lo que se conoce como "placer". Los trabajos consistían en separar los minerales pesados de la arena mediante procesos físicos de lavado y concentración. Era una explotación poco habitual, donde el océano había realizado durante siglos buena parte del trabajo geológico al concentrar naturalmente esos minerales.
Ese carácter único convierte a Balarés en uno de los ejemplos más singulares del patrimonio minero gallego.
Hoy en día, ocultas entre la maleza, permanecen las enormes piscinas donde se acumulaba el agua para el lavado del mineral. Ojalá un día sean recuperadas y puestas en valor para dar a conocer la singular historia de este lugar. Sobre las ruinas de piedra de las instalaciones de Titania, se ha construido el actual bar de la playa, donde se pueden observar aún los respiraderos y canaletas que bajan al mar por donde circulaba el agua necesaria para el lavado de los minerales.
Aún hoy, en los inviernos duros cuando el mar se lleva gran parte de la arena de la playa para luego devolverla en primavera, se pueden apreciar las capas de arena negra. Si uno intenta llenar un cubo de esta arena, se sorprenderá de su peso por la presencia de los minerales ricos en titanio.

El primer salario para toda una generación
Para muchos vecinos de Ponteceso, O Couto, Corme o Cabana de Bergantiños, Titania significó mucho más que una empresa. Fue el primer empleo estable que conocieron.
En plena posguerra, hombres y mujeres encontraron allí una oportunidad para ayudar a sus familias. Muchos comenzaron a trabajar siendo apenas adolescentes y recuerdan todavía el esfuerzo de aquellas jornadas, pero también el compañerismo y la importancia que aquellos salarios tuvieron en una economía marcada por las dificultades. La empresa incluso contaba con un economato que facilitaba el acceso a productos básicos, lo que nuestros abuelos, Lelo y Otilia, nos contaron siempre como algo extraordinario para la época. Siempre hemos escuchado en casa aquéllo de: "esa mina quitou moita fame".
Cuando se pasea hoy por Balarés, cuesta imaginar el movimiento que llegó a existir entre la playa y las instalaciones de Titania.
El muelle que aún guarda la memoria

Uno de los grandes testigos de aquella época sigue en pie. El muelle situado en un extremo de la playa fue construido para facilitar la salida del mineral por mar. Desde allí partía la producción hacia otros destinos industriales, convirtiendo este rincón de la Costa da Morte en un punto de conexión con mercados mucho más lejanos. Nuestro abuelo Lelo recordaba los nombres de los pequeños barcos de cabotaje que operaban en el muelle: Kaolino, Rutilo y Titania, donde el mineral se embarcaba hacia otros puertos más grandes para pasar a grandes mercantes rumbo al Pais Vasco y a Alemania principalmente. Esta operación de trasbordo era necesaria debido al poco calado del muelle de Balarés que impedía la llegada directa de barcos más grandes.
Hoy el muelle forma parte del paisaje y muchos visitantes pasean por él sin conocer la historia que guarda. Sin embargo, basta detenerse unos minutos para comprender que ese muelle es mucho más que una estructura de hormigón: es uno de los últimos vestigios visibles de la aventura de Titania.
Una escultura con forma de arácnido del artista coruñes Ramón Amigo, recuerda aquéllos tiempos de explotación minera.

Una historia ligada a Europa
La actividad de Titania coincidió con uno de los periodos más convulsos del siglo XX.
En torno a la explotación surgieron historias, recuerdos y leyendas relacionadas con el comercio internacional de minerales estratégicos durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Parte del mineral se destinó a la industria metalúrgica del norte de España y la memoria popular conserva también relatos sobre operaciones comerciales vinculadas a aquel contexto histórico, puesto que eran minerales claves para el endurecimiento del acero necesario en la industria armamentística.
Ese entorno de historias reales y recuerdos transmitidos de generación en generación sigue formando parte de la identidad de Balarés. Historias sobre contrabando de azufre y tabaco o sobre la presencia de barcos nazis en la costa vigilando las salidas del preciado mineral.
Un documental de Omar Rabuñal recoge algunas de esas historias y anécdotas, contadas por sus protagonistas.
Cuando la naturaleza recuperó el paisaje
A comienzos de la década de 1960, la explotación llegó a su fin.
Con el paso de los años, la actividad industrial desapareció y la naturaleza volvió a ocupar el espacio. Las dunas siguieron desplazándose lentamente con el viento.
El pinar continuó creciendo. Las aves regresaron al estuario. El océano recuperó el protagonismo.
Hoy resulta difícil imaginar que bajo este paisaje sereno existió una intensa actividad minera.
Y quizá esa sea la mayor lección que deja Balarés: la capacidad de la naturaleza para transformar el tiempo sin borrar la memoria.

Balarés hoy: un lugar donde historia y naturaleza conviven
Quien pasea hoy por Balarés encuentra una playa tranquila, un estuario lleno de vida, senderos entre pinares y uno de los rincones más especiales de Costa da Morte.
Pero también camina sobre un lugar que ayudó a escribir una parte importante de la historia industrial de Galicia.
Conocer Titania no cambia el paisaje. Lo hace más profundo.
Porque cada paseo por la playa, cada mirada al muelle y cada atardecer sobre la ría adquieren un significado diferente cuando se comprende todo lo que ocurrió aquí.
En Hotel Balarés creemos que viajar también consiste en descubrir esas historias que no siempre aparecen en las guías, pero que permanecen para siempre en la memoria de quienes las conocen, dándole una identidad propia y una singularidad especial.
Estaremos encantados de contártela en persona.





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